LA ABSTRACCION METAFISICA DE SOTO MESA

 

Quico Rivas

 

Durante la década de los ochenta Soto Mesa ha desarrollado una aventura personal que le condujo a las regiones más extremas del arte objetivo y geométrico. Como tantos otros artistas a lo largo del siglo, parecía buscar una pintura donde la subjetividad, la huella de la mano del artista, quedara postergada en favor de la investigación de problemas estrictamente plásticos. Una pintura basada en un método racionalista y en operaciones de carácter matemático.


Soto Mesa había llegado a este punto tras un lento y meditado proceso de depuración formal. Durante la segunda mitad de los setenta su obra se desenvolvía dentro de un realismo naturalista cada vez más interesado en los elementos ordenadores del paisaje. En los primeros años ochenta realizó un original trabajo a partir de elementos del entorno urbano. Poco a poco va prescindiendo de la perspectiva, de la atmósfera, centrándose en las estructuras modulares, en la interpretación planimétrica de la arquitectura. Por este camino llegó a un punto de máxima inflexión en la serie Madrid-Ventanas, expuesta en el Centro Cultural de la Villa de Madrid a principios de 1.986. En el catálogo de esta muestra el pintor introdujo, a modo de explicación, una breve cita de René Thorn, el conocido matemático, autor de la teoría sobre la deriva de los continentes: "Comprender es geometrizar. La inteligibilidad está ligada a la posibilidad de visualizar un esquema de carácter geométrico ".


A partir de ese momento la pintura de Soto Mesa abandona toda clase de apoyo en la realidad exterior; tiende hacia una abstracción absoluta, Cada obra se presenta como una unidad en sí misma y al tiempo como fragmento de un universo infinito y reticular. El pintor, en cualquier caso, parece consciente en todo momento de hasta qué punto las reglas del juego, incluso las que uno mismo libremente ha prefijado, se vuelven estériles cuando se toman como dogmas de fe. Entre las posibilidades a su alcance tiende siempre hacia las que están más cerca de "la asimetría, de la ligereza e inconclusión de las formas ...”  Una de sus series más logradas de ese momento responde al nombre de Cuatro Letras. Cuatro letras proyectadas sobre un plano que dan pie a una serie de variaciones formales. Quizá no sea del todo gratuito, para entender el espíritu o talante que subyace a las mismas, saber que esas cuatro letras no fueron elegidas gratuitamente, sino que forman un nombre, un nombre de mujer.


Todas las experiencias plásticas de Soto Mesa durante la década de los ochenta, creo yo que iban encaminadas hacia la búsqueda de un método de trabajo más que de un sistema formal. Un método sencillo y eficaz que le permitiera conjugar racionalidad, subjetividad y azar. Su obra actual es la consecuencia lógica de sus logros en este terreno. En lo que él denomina el "encuentro de la forma" intervienen, indistintamente, el azar y las decisiones subjetivas. El suyo es, en definitiva, un método aleatorio, hasta cierto punto similar al de la música serial. Pienso, por ejemplo, en la importancia del I Ching para un compositor como John Cage. Cuando le preguntaron cómo había escrito la partitura de Variations 5 respondió “Bueno, eché monedas a cara o cruz, estableciendo como límite entonces sesenta y cuatro observaciones. Llegué, creo, al número treinta y cinco... No recuerdo bien... Luego eché de nuevo a cara o cruz para ver cuantas palabras debía contener cada observación. Me salió que cinco. Luego me enfrenté con el problema de escribir cinco palabras sobre Variations 5 que fuesen una ayuda para cualquier otro que quisiese interpretarla. Se me planteó entonces lo que podría llamarse un problema poético...”(1).


Puede decirse que actualmente Soto Mesa opera de una manera bastante parecida. Establece los límites y fija las reglas. En su caso se trata de marcar una serie de igual número de puntos sobre una superficie. Para ello utiliza números extraídos al azar de una bolsa. Luego une esos puntos, de forma automática, en secuencias de un mismo número de ellos. Obtiene así una serie de líneas. A partir de ellas, entre un abanico de posibilidades, define unas formas que son el resultado de este proceso y, a la vez, el principio del trabajo estrictamente pictórico. Más que un método científico cabría hablar de un pretexto para poner en marcha determinados mecanismos.


Con éste método Soto Mesa ha obtenido resultados realmente interesantes. El puritanismo geométrico ha sido sustituido por una suerte de geometría orgánica, sensible, donde ni siguiera hay líneas rectas. Formas sinuosas, insinuantes, indeterminadas, con una extraña palpitación y una cualidad poética a la que no es ajeno, ni mucho menos, un sugestivo y refinado trabajo con el color. Todo en estos cuadros destila como un lirismo sin aspavientos, una música cálida y envolvente, un sentimiento de regocijo y plenitud, un anhelo de pureza. Para definirlos, que no etiquetarlos, yo hablaría de abstracción metafísica. Pues, como decía Arp a principios de los treinta, para desmarcarse de la presunción de frialdad que la inmensa mayoría daba por supuesta en la pintura abstracta de origen geométrico: "Un cuadro o una escultura que no han tenido un objeto como modelo son tan concretos y sensuales como una hoja o una piedra. El arte es un fruto que brota ante el hombre, como un fruto sobre una planta o el niño en el seno de su madre" (2).


Febrero 1992

 

Notas.

(1) Richard Koslelanetz: "Entrevista a John Cage”. Cuadernos Anagrama, 1.973.

(2) Jean Arp: ”Respuesta a una encuesta sobre el arte abstracto”, Cahiers d'Art, n° 718,1931.

 

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