LOS DEDOS DE LA MIRADA


Gabriel Pérez-Juana

 

Si la palabra es la mano del poeta, la mano es la mirada del pintor; dedos de la mirada que acarician el corazón de las cosas y de su memoria para devolvernos al lugar de origen de donde todo proviene, principio y fin de trayecto.


El último refugio del hombre es el tacto. En él habita el poeta y desde él construyó su obra María Zambrano. Sus ojos palpaban la luz para saber de las palabras, como la niña Helen Keller, ciega y sordomuda, palpaba las manos de la Sra. Sullivan, su maestra, para descubrir el nombre de las cosas y el olor de las estrellas. Dedos y mirada, pintor y poeta, son los padres del mundo. Hay pintores que cultivan, cuidan y miman el tacto; tacto de la pupila que permite el asombro ante el milagro de la vida y de sus cuerpos, y que devuelve al lino el sol que lo alumbró. La metafísica de la pintura y de la palabra es un asunto de piel, y la piel es el termómetro del alma.


La pintura de Soto Mesa, cuya obra esta Fundación se complace en acoger, transita por ese espacio en el que los dedos de la mirada recorren con reverencia sagrada la luz de la tierra y sus pigmentos, dibujando la memoria del arte y de nuestras vidas. Estos cuadros saben, desde su razón poética, que la luz ciega, y la pureza mata, siendo necesario el filtro y la mezcla para que el alquimista y el pintor eviten que muramos por exceso de luz. Luz amasada para acariciar la retina y habitar nuestra memoria, alejándonos de la pura superficie de las cosas en la que ellas quedan como simples elementos mensurables y útiles.


Sólo una cita para cerrar esta presentación. Aquella a la que nos remite María Zambrano en su escrito "España y su Pintura”, perteneciente a Oscar Wilde, y que aprovecho como reflejo literario que comparte la obra de esta exposición.' "Sólo los sentidos curan el alma y el alma a los sentidos. "

 

Noviembre 1997

 

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